
Este homenaje al poeta va entretejido de mis comentarios personales. La Constitución de los Estados Unidos de donde soy ciudadano me otorga ese inalienable derecho de "poder hablar mierda hasta por los codos". El siguiente soneto fue escrito en 1889 cuando el poeta visitaba España:
Abierta al viento la turgente vela
y las rojas banderas desplegadas,
cruza el barco las ondas azuladas,
dejando atrás fosforescente estela.
El sol, como lumínica rodela,
aparece entre nubes nacaradas,
y el pez, bajo las ondas sosegadas,
como flecha de plata raudo vuela.
¿Volveré? ¡Quién lo sabe! Me acompaña
por el largo sendero recorrido
la muda soledad del frío polo.
¿Qué me importa vivir en tierra extraña
o en la patria infeliz en que he nacido
si en cualquier parte he de encontrarme solo?
Por supuesto que enseguida me convertí al Casalismo como un mecanismo de defensa para enfrentrar las cotidianas frustraciones de vivir dentro de Cuba y fuera de ella. Basta ya de mis divagaciones (estuve a punto de decir halucinaciones). En el mismo espíritu derrotista, nihilista, posiblemente caracterítico de la depresión endógena que el poeta sufrió toda su vida se encuentra el soneto dedicado a José Maceo (un personaje histórico lleno de defectos pero que los cubanos idolatran sin querer admitir que su "estupidez rallana en lo inadmisible" fue la causa directa de la muerte en acción de nuestro Apóstol, ese otro habanero de cepa, José Martí):
Como galeón de izadas banderolas
que arrastra de la mar por los eriales
su vientre hinchado de oro y corales,
con rumbo hacia las playas españolas,
y, al arrojar el áncora en las olas
del puerto ansiado, ve plagas mortales
despoblar los vetustos arrabales,
vacío el muelle y las orillas solas;
así al tornar de costas extranjeras,
cargado de magnánimas quimeras,
a enardecer tus compañeros bravos,
hallas sólo que luchan sin decoro
espíritus famélicos de oro
imperando entre míseros esclavos.
Ese es el Casal que conocí en mi juventud cuando más necesitaba creer en héroes. El "vacío profundo de mi alma" Casaliano me ha acompañado en este deambular "inmaduro" (al decir de mi fianceé, toda una doctora en Sicología Clínica) por los cincuenta años de adolescente perpetuo:
Noche de soledad. Rumor confuso
hace el viento surgir de la arboleda,
donde su red de transparente seda
grisácea araña entre las hojas puso.
Del horizonte hasta el confín difuso
la onda marina sollozando rueda
y con su forma insólita, remeda
tritón cansado ante el cerebro iluso.
Mientras del sueño bajo el firme amparo
todo yace dormido en la penumbra,
sólo mi pensamiento vela en calma,
como la llama de escondido faro
que con sus rayos fúlgidos alumbra
el vacío profundo de mi alma
La doctora Esperanza Figueroa describe el anterior soneto como:Soneto auditivo que describe el silencio sin mencionarlo. Un silencio de ciudad pequeña, dormida en la noche clara frente al mar. La ciudad de La Habana, protegida por el viejo faro, cuya luz mecida por el aire corría sobre las paredes húmedas, marcadas por un salitre blanco y esponjoso, mientras el susurro del mar rompía el silencio de los patios. Romántica la "viejuca". Lo que me llama la atención es el epíteto de "ciudad pequeña" cuyo espíritu provinciano, limitado, aún caracteriza a una gran mayoría de los cubanos (dentro y fuera de la Isla) y que mis amigos norteamericanos me recuerdan a menudo. Ya no divagues más me dice el crítico interior que todos llevamos escondidos enrezado entre nuestras neuronas. En 1891, Casal escribió el siguiente soneto, uno de los más llenos de lirismo en especie de confesión llena de incomprensión y queja escondida.
Yo soy como una choza solitaria
que el viento huracanado desmorona
y en cuyas piedras húmedas entona
hosco buho su endecha funeraria.
Por fuera sólo es urna cineraria
sin inscripción, ni fecha, ni corona;
mas dentro, donde el cieno se amontona,
abre sus hojas fresca pasionaria.
Huyen los hombres al oír el canto
del buho que en la atmósfera se pierde
y sin que sepan reprimir su espanto.
no ven que como planta siempre verde,
entre el negro raudal de mi amargura
guarda mi corazón su esencia pura.
La esencia ingenua, aquí en la tierra por antonomasia del CINISMO la denominamos NAIVETE. Palabreja francesa que significa haber perdido contacto con la realidad objetiva y ser un "tonto de capirote" al desear la felicidad y el bienestar para toda la humanidad. En inglés yo diría "Does anyone cares?". El siguiente soneto es de "gran importancia para la historia del Modernismo" acota la doctora Esperanza Figueroa (en: Julián del Casal. Poesías Completas y pequeños poemas en prosa en orden cronológico. Ediciones Universal, Miami, Florida, Estados Unidos, 1993):
Amo el bronce, el cristal, las porcelanas,
las vidrieras de múltiples colores,
los tapices pintados de oro y flores
y las brillantes lunas venecianas.
Amo tambén las bellas castellanas,
la canción de los viejos trovadores,
los árabes corceles voladores,
las flébiles baladas alemanas,
el rico piano de marfil sonoro,
el sonido del cuerno en la espesura,
del pebetero la fragante esencia,
y el lecho de marfil, sándalo y oro,
en que deja la virgen hermosura
la ensangrentada flor de su inocencia.
Por supuesto que hay muchos otros poemas de Casal hermosos, tristes, melancólicos y desesperados. Su desgracia fue vivir en tierra colonizada con un espíritu amante de lo bello y lo sublime. A continuación una relación de otros poemas de Casal que pueden ser leídos en la Internet. La selección es estrictamente personal, subjetiva, obedece a mis gustos y carece de implicaciones estéticas, ni consideraciones éticas. Disfrútenlos como lo hago yo ahora copiándolos!!!!